“¿Y qué es lo que haces?”, preguntan mis familiares, amigos y conocidos al decirle que soy un relacionista público. Luego de explicarles mis tareas, quedan en la incertidumbre sobre si se trata de vender, si soy coordinadora de eventos o si hago promociones.

Mi título universitario y mi pasión por la información me hacen periodista, pero la vida me ha hecho relacionista, claro está, a base de lecturas, la dirección de mis colegas y aprendiendo de los tropiezos.

Estando del otro lado me preguntaba muchas cosas, las respuestas llegaron a mi más tarde cuando inicié este camino de estrategias, planes y crisis.  Entendí la dulce celebración de obtener una publicación en el periódico impreso, la adrenalina de resolver una crisis, la importancia de la confianza y comunicación asertiva entre cliente y relacionista. Me solidaricé con las llamadas de seguimiento a los comunicados de prensa y los insistentes correos para conceder una entrevista. Ejerciendo como relacionista pasé de no preocuparme tanto sobre el estado de mi ánimo de mi cabello, pasivo o “grumpy”, y comencé a ver la plancha como un artículo de primera necesidad. Los creativos “press kits” me probaron lo que mi mamá decía sobre aprender a hacer lazos, canastas y cosas artísticas con mis manos, al final del día sí, “hay que aprender a hacer de todo” mami.

Al periodismo le debo mi constante búsqueda del ángulo importante para la cobertura mediática sobre las iniciativas que desarrollo para mis clientes. La voz de mi profesor de redacción se escucha una y otra vez en mi cabeza diciendo, “identifica los elementos noticiosos”.

Ser una periodista en un mundo de relacionistas me ha hecho una mejor comunicadora, que puede trabajar bajo presión y que ve la adrenalina como su mejor aliado. Si en algún momento volviera ser periodista, haber ejercido como relacionista me hizo más empática, accesible y como valor añadido, me hizo una experta en el uso de tacones. La realidad es que, en tiempos de cambios y convergencia mediática, no debe existir una línea divisoria entre el digno arte de comunicar. Muy por el contrario, relacionistas y periodistas estamos para darnos la mano y valorar el trabajo que hace cada cual, pues al final, en ambas profesiones se requiere un alto nivel de compromiso ético, responsabilidad y probarse constantemente a aquellos que piensan que no hay que educarse para ser llamado comunicador.